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sábado, 22 de diciembre de 2012

Sentimientos de la Nación 14 de septiembre de 1813

Sentimientos de la Nación
14 de septiembre de 1813
José María Morelos
José María Morelos 2
  1. Que la América es libre e independiente de España y de toda otra Nación, Gobierno o Monarquía, y que así se sancione, dando al mundo las razones.
  2. Que la religión Católica sea la única, sin tolerancia de otra.
  3. Que todos sus ministros se sustenten de todos, y solos los Diezmos y primicias, y el Pueblo no tenga que pagar más obvenciones que las de su devoción y ofrenda.
  4. Que el Dogma sea sostenido por la jerarquía de la Iglesia, que son el Papa, los Obispos y los Curas por que se debe arrancar toda planta que Dios no plantó: omnis plantatis quam nom plantabit Pater meus Celestis Cradicabitur [Todo lo que Dios no plantó se debe arrancar de raíz]. Mat. Cap. XV.
  5. Que la Soberanía dimana inmediatamente del Pueblo, el que sólo quiere depositarla en sus representantes dividiendo los Poderes de ella en legislativo, ejecutivo y judiciario, eligiendo las Provincias sus vocales, y estos a los demás, que deben ser Sujetos sabios y de probidad.
  6. [En el original de donde se tomó esta copia —1881 no existe el artículo de este número. En otras ediciones, parte del número cinco pasa a formar el número seis: “Que los Poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial estén divididos en los cuerpos compatibles para ejercerlos”].
  7. Que funcionarán cuatro años los vocales, turnándose saliendo los más antiguos para que ocupen el lugar los nuevos electos.
  8. La dotación de los vocales, será una congrua suficiente y no superflua, y no pasará por ahora de ocho mil pesos.
  9. Que los empleos los obtengan sólo los Americanos.
  10. Que no se admitan extranjeros, si no son artesanos capaces de instruir, y libres de toda sospecha.
  11. Que la Patria no será del todo libre y nuestra, mientras no se reforme el Gobierno, abatiendo el tiránico, sustituyendo el liberal y echando fuera de nuestro suelo al enemigo Español, que tanto se ha declarado contra esta Nación.
  12. Que como la buena Ley es Superior a todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben ser tales que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el Jornal del pobre, que mejoren sus costumbres, aleje la ignorancia, la rapiña y el hurto.
  13. Que las Leyes generales comprendan a todos, sin excepción de Cuerpos privilegiados, y que estos sólo lo sean en cuanto al uso de su ministerio.
  14. Que para dictar una ley se discuta en el Congreso, y decida a pluralidad de votos.
  15. Que la esclavitud se proscriba para siempre, y lo mismo la distinción de Castas, quedando todos iguales, y sólo distinguirá a un Americano de otro el vicio y la virtud.
  16. Que nuestros Puertos se franqueen a las Naciones extranjeras amigas, pero que éstas no se internen al Reino por más amigas que sean, y sólo haya Puertos señalados para el efecto, prohibiendo el desembarco en todos los demás señalando el 10 p 100 u otra gabela a sus mercancías.
  17. Que a cada uno se le guarden las propiedades y respete en su casa como en un asilo sagrado señalando penas a los infractores.
  18. Que en la nueva Legislación no se admitirá la Tortura.
  19. Que en la misma se establezca por ley Constitucional la celebración del día 12 de Diciembre en todos los Pueblos, dedicando a la Patrona de nuestra libertad María Santísima de Guadalupe, encargando a todos los pueblos la devoción mensual.
  20. Que las tropas extranjeras o de otro Reino no pisen nuestro Suelo, y si fuere en ayuda no estarán donde la Suprema Junta.
  21. Que no hagan expediciones fuera de los limites del Reino, especialmente ultramarinas, pero [se autorizan las] que no son de esta clase, [para] propagar la fe a nuestros hermanos de tierra adentro.
  22. Que se quite la infinidad de tributos pechos e imposiciones que más agobian, y se señale a cada individuo un cinco por ciento en sus ganancias, ú otra carga igual ligera, que no oprima tanto, como la Alcabala, el Estanco, el tributo y otros, pues con esta corta contribución, y la buena administración de los bienes confiscados al enemigo podrá llevarse el peso de la Guerra y honorarios de empleados.—Chilpancingo 14 de septiembre de 1813.—José María Morelos (rúbrica).
  23. Que igualmente se solemnice el día 16 de Septiembre todos los años, como el día Aniversario en que se levantó la voz de la independencia y nuestra Santa libertad comenzó, pues en ese día fue en el que se abrieron los labios de la Nación para reclamar sus derechos y empuñó la espada para ser oída, recordando siempre el mérito del grande Héroe, el Sr. D. Miguel Hidalgo y su Compañero D. Ignacio Allende. Respuestas en 21 de Noviembre de 1813, y por tanto quedan abolidas estas, quedando siempre sujeto al parecer de S.A. Serenísima.
Es copia. México 31 de Octubre de 1814.—Patricio Humana.

jueves, 12 de julio de 2012

A TOD@S L@S ABOGAD@S DEMOCRATICOS EN SU DIA




El más grande de los abogados.

La poesía del abogado ha de ser defender la inocencia, hacer valer el derecho, hacer triunfar la justicia.

La esencia, la dificultad, la nobleza de la abogacía es ésta: situarse en el último peldaño de la escala, junto al imputado. La gente no comprende aquello que, por lo demás, tampoco los juristas comprenden; y ríe, y se burla, y escarnece. No es un oficio que goce de los favores del público, el del Cirineo. Las razones, por las cuales la abogacía es objeto, aun en el campo literario e incluso en el campo litúrgico, de una difusa antipatía, no son otras que ésta. Y hasta Manzoni, cuando ha tenido que retratar a un abogado, ha perdido su bonhomía y la Iglesia ha dejado introducir en el himno a San Ivo, patrón de los abogados, un verso injurioso. Las cosas más simples son las más difíciles de comprender.

Digámoslo con claridad: la experiencia del abogado cae bajo el signo de la humillación. Es cierto que viste la toga; colabora, desde luego, en la administración de la justicia; pero su puesto está abajo, y no en alto. Él comparte con el imputado la necesidad de pedir y de ser juzgado. Está sujeto al juez como lo está el imputado.

Pero precisamente por esto la abogacía es un ejercicio espiritualmente saludable. Pesa el deber pedir, pero es provechoso. Habitúa a rogar. ¿Qué otra cosa es, más que un pedir, la plegaria? La soberbia es el verdadero obstáculo a la plegaria; y la soberbia es una ilusión de potencia. No hay otra cosa mejor que la abogacía para curarnos de tal ilusión. El más grande de los abogados sabe que no puede hacer nada frente al más pequeño de los jueces; a menudo, el más pequeño de los jueces es aquel que lo humilla más. Está constreñido a llamar a la puerta como un pobre. Y ni siquiera está escrito sobre la puerta: pulsate et aperietur vobis. No pocas veces se llama en vano. La experiencia se hace más dolorosa y más saludable. Se creía tener razón; se había estudiado tanto, se había sudado tanto; en cambio ... Es necesario conocer estos momentos para comprender.

Los romanos denominaban la actividad del abogado en el proceso con el verbo postular. Dicen los diccionarios que este verbo significa pedir aquello que hay derecho a tener. Y es esto lo que agrava el peso del pedir. No debería haber necesidad de pedir aquello que hay derecho a tener. En conclusión, es necesario someter el juicio propio al ajeno, aun cuando todo permita creer que no haya razón para atribuir a otro una mayor capacidad de juzgar.

Esto significa, en el plano social, colocarse junto al imputado en el último peldaño de la escala; un sacrificio; pero no existe sacrificio sin beneficio. Por esto he dicho que nuestra experiencia es saludable. El beneficio se tiene cuando se comienza a percibir, en la oscuridad, la llamita del pabilo humeante. Un beneficio, como ocurre siempre en las cosas del espíritu, que al mismo tiempo se da y se recibe: si aquella llamita se reaviva, su calor no calienta solamente el alma del cliente sino la del patrono al mismo tiempo. Por el poco bien que yo haya podido hacer a alguno de estos desgraciados, ha sido inmenso el beneficio que he recibido de ellos; del Señor, se entiende, pero por medio de ellos; por eso, porque el Señor ha dicho que cuanto se da a ellos es recibido por Él, los pobres son los delegados de Dios.

Alguno dirá que yo veo así la abogacía bajo el perfil de la poesía. Puede ocurrir. La poesía de su oficio es algo que un abogado siente en dos momentos de la vida: cuando viste por primera vez la toga o cuando, si propiamente no la ha depuesto, está por deponerla: en el alba y en el ocaso. En el alba, defender la inocencia, hacer valer el derecho, hacer triunfar la justicia: esta es la poesía. Después, poco a poco, caen las ilusiones, como las hojas del árbol, después del fulgor del estío; pero a través de la maraña de las ramas, cada vez más desnudas, sonríe el azul del cielo. Ahora no estoy ya seguro ni de haber defendido la inocencia ni de haber hecho valer el derecho ni de haber hecho triunfar la justicia; y, sin embargo, si el Señor me hiciese nacer de nuevo, comenzaría otra vez. No obstante los fracasos, las amarguras, los desengaños, el balance es activo; si hago el análisis de él, me doy cuenta de que la partida capaz de colmar todas las deficiencias consiste precisamente en aquella humillación de deberme encontrar, junto a tantos desgraciados, contra los cuales se desencadena el vituperio y se encarniza el desprecio, en el último peldaño de la escala.
Autor: Francesco Carnelutti | Fuente: aboga2.